El libro es una crónica de la transformación cultural de una nación. Mike O'Mahony demuestra que el arte estadounidense del siglo XX no fue un estilo homogéneo, sino un tejido dinámico marcado por la multiplicidad, la tensión entre lo urbano y lo rural, y la constante obsesión por definir qué significa ser "americano" a través de la pintura, la escultura y la cultura visual.