La genialidad de la obra radica en su trayectoria narrativa, la cual arranca en la tormentosa y oscura tonalidad de do menor para resolver, de forma heroica y sin interrupción tras un pasaje de absoluta suspensión en el tercer movimiento, en un monumental y victorioso do mayor en el final, simbolizando el triunfo definitivo de la luz y la razón sobre la adversidad.